Casa Real de Bélgica

A diferencia de otras monarquías europeas, el soberano del país no ostenta el título de «Rey de Bélgica», sino el de «Rey de los belgas», una distinción constitucional que subraya su vínculo directo con el pueblo y su rol como árbitro de una nación profundamente dividida por razones lingüísticas y políticas entre flamencos y valones. Desde el Palacio de Laeken, la actual familia real encarna un modelo de jefatura de Estado caracterizado por la discreción, la rigurosa preparación académica y el europeísmo.

Los reyes Felipe y Matilde

Felipe, hijo del rey Alberto II y de la reina Paola, nació en en Bruselas el 15 de abril de 1960. Contrajo matrimonio en 1999, con Matilde d’Udekem d’Acoz (Uccle, 20 de enero de 1973), de ascendencia noble belga y polaca.

El Rey ascendió al trono el 21 de julio de 2013 tras la abdicación de su padre. Cuenta con una sólida formación militar como piloto y se convirtió en el primer príncipe belga en asistir a una universidad convencional, graduándose en Ciencias Políticas en la Universidad de Stanford (EE. UU.).

La heredera

La primogénita de los reyes es la princesa Isabel, duquesa de Brabante (nacida el 25 de octubre de 2001). Gracias a la abolición de la ley sálica en 1991, se convertirá en la primera reina por derecho propio en la historia de Bélgica.

Cursó el Bachillerato Internacional en Gales (en el mismo centro que la princesa Leonor y la infanta Sofía), completó su formación militar básica en la Real Academia Militar de Bruselas y estudió Historia y Política en la Universidad de Oxford.

El árbol familiar se completa con tres hermanos menores que, aunque con un perfil público mucho más discreto, acompañan a la heredera en las citas institucionales más relevantes: los príncipes Gabriel (2003), Manuel (2005) y Leonor (2008).

Historia de la monarquía belga

Tras independizarse del Reino Unido de los Países Bajos en 1830, la nueva nación belga decidió constituirse como una monarquía constitucional para ganar reconocimiento internacional. El príncipe alemán Leopoldo de Sajonia-Coburgo-Gotha juró la Constitución el 21 de julio de 1831 como Leopoldo I. No fue nombrado rey «de Bélgica» sino «rey de los belgas», recalcando que el poder emanaba del pueblo y no del derecho divino.

El reinado de Leopoldo II estuvo marcado por una intensa industrialización que convirtió a Bélgica en una potencia económica. Sin embargo, su legado quedó profundamente empañado por la explotación del Estado Libre del Congo, un territorio africano que administró como su propiedad privada. Ante el escándalo internacional, en 1908 el Parlamento belga obligó al monarca a ceder el control del territorio al Estado, convirtiéndose en el Congo Belga.

Sobrino del anterior, Alberto I se convirtió en uno de los monarcas más queridos de la historia del país. Durante la Primera Guerra Mundial, se negó a ceder ante el ultimátum alemán y tomó el mando directo de las tropas en el frente, resistiendo en el último reducto del territorio belga. Su valentía le valió el sobrenombre de el «Rey Caballero» y unificó el sentimiento nacional.

En 1934 ascendió al trono Leopoldo III. Su reinado cruzó el período más turbulento del siglo XX. Durante la Segunda Guerra Mundial, tras la invasión nazi, el Rey decidió permanecer en el país y rendirse a las tropas alemanas, en contra del criterio de su propio Gobierno (exiliado en Londres). Esto generó una fractura social masiva tras la liberación conocida como la «Cuestión Real». Aunque un referéndum le permitió volver, la fortísima tensión civil y las protestas sociales le obligaron a abdicar en 1951 a favor de su hijo.

Balduino estabilizó la Corona a lo largo de un reinado de 42 años caracterizado por la rectitud y la profunda fe católica. Bajo su mandato, el Congo logró la independencia (1960). Un episodio muy recordado ocurrió en 1990: por motivos de objeción de conciencia, se negó a firmar la ley de despenalización del aborto. Para evitar una crisis institucional, el Gobierno lo declaró temporalmente «incapaz de reinar» durante 36 horas para poder sancionar la ley sin su firma, reasumiendo el trono inmediatamente después.

Casado con la española Fabiola de Mora y Aragón, no tuvieron hijos por lo que al morir, su hermano ascendió al trono como Alberto II, quien tuvo que arbitrar el país durante su compleja transformación hacia un Estado federal dividido por tensiones lingüísticas. En 2013, Alberto II abdicó alegando motivos de salud, cediendo el testigo a su hijo, el rey Felipe.

El escudo de armas de la monarquía belga lleva el lema nacional: «L’union fait la force» (La unión hace la fuerza), reflejo del papel fundamental que cumple la institución para mantener cohesionadas a las comunidades flamenca (habla neerlandesa) y valona (habla francesa).

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